De 8:00 a 16:00 hay ocho horas exactas. Es la jornada continuada por excelencia: se entra temprano, no se parte el día y se sale con la tarde entera por delante.
La diferencia práctica con un 8 a 5 no está en las horas trabajadas —en los dos casos suelen ser ocho efectivas— sino en que aquí no hay pausa de comida que descontar. Eso deja una hora más de tiempo propio al día, unas veinte horas al mes, que es la razón por la que se pelea en tantas negociaciones de convenio.
Es el horario típico de la administración pública, de los centros educativos y de buena parte de los turnos de mañana industriales, donde encadenar un relevo a las cuatro de la tarde permite cubrir las veinticuatro horas con tres turnos limpios: 8-16, 16-24 y 24-8.